Ella lo llamaba su duende y decía de él que vivía en un desván. Se lo imaginaba de color verde, con las orejas puntiagudas, muy travieso, pero sobre todo muy amoroso. Le gustaba pensar que hablaba con él y le escribía cartas, unas cartas muy cortitas pero muy cariñosas y llenas de ternura. Decía que el duende le contestaba de la misma manera, yo no sé, pero eso es lo que ella aseguraba.
Pero los duendes no son personas, ni físicas ni jurídicas, son eso, fantasías nada mas, y como todas las fantasías se van tal y como han venido, y un día en que ella no estuvo muy acertada con su cartita el duende no le contestó. Ella lo llamó, lo buscó, incluso subió al desván en donde el duende debía habitar, pero el desván estaba vacío, no habia ya mas duende.
El duende desapareció, y nunca mas ella supo de él.
Quizás tú, que lees esto, no creas en los duendes pero ¿sabes? sí existen, porque la vida no es nada sin fantasía y si no la tienes y no ves duendes no vives, o vives una vida esteril que es peor que no vivir. Y si crees en ellos ten cuidado que no son personas y como nacen mueren y como toda fantasía debes de cuidarlos para que siempre el duende del amor esté junto a ti.