Es una gran amiga, en el silencio, desde el silencio. No quiere que diga su nombre, nunca menciona el mio. Nos escribimos casi todos los días y somos cómplices de nuestros quehaceres y fatigas cotidianos de una manera oculta, sin que nadie se entere.
El vídeo lo edité para ella, y para ella me fui a Patos para hacer las fotografías. Allí estuvo ella hará pronto dos años. Yo estaba entonces al otro lado de España.
Para ti mi gran amiga, mi mejor amiga.
-
Ella
@ 09/12/2008 – 13:42:03
-
Miriam
@ 21/10/2008 – 12:02:40
Uno, de pequeño, aprendió a leer en Cara y Caretas y en algún Para Ti de los que había siempre por casa.
Uno tenía un abuelo y una abuela que habían sido emigrantes en Buenos Aires.
Uno,de joven, vió todas las películas de Luis Sandrini.
Uno ha tenido siempre una especie de obsesión con todo lo argentino.
Uno, que ya ha perdido la esperanaza de pasear un día por Corrientes, se ha echado una profesora del idioma en el que aprendió a leer.
Y mirá vos por donde la profesora pinta de maravilla y coloca sus cuadros en la red.
Gracias, Miriam, por todo.
-
El árbol y la piedra
@ 06/05/2008 – 00:50:43
No hace falta que me digas que la música, una milonga, y las imágenes, los Pirineos, no tienen nada que ver, lo sé. Pero cuando visité el valle de Ordesa el verano pasado esa melodía me acompañó todo el camino.
Las montañas, las rocas y los riachuelos eren mios, la música tuya. -
Hace 65 años
@ 31/03/2008 – 11:25:43
Pepín Parra, montado en su yegua blanca como la nieve, subía la calle de la Cárcel hacia la casa de Manolo y María en donde había pasado la tarde anterior, en compañía de Tere, jugando los cuatro a las cartas. María estaba embarazada de nueve meses y esperaba dar a luz de un momento a otro. Cuando llegó a la altura de la casa de sus parientes, se elevó sobre los estribos y gritó:
-¡Manolo!¿Todo bien?
Desde el balcón del dormitorio salió la voz de Manolo:
-Un niño.
-Jajaja, las ganas.
Entonces Manolo salió al balcón con algo envuelto todavía en una toalla. Pepín se puso de pié sobre la silla de montar y tendió los brazos a aquella cosa pequeña que le enseñaba Manolo,la cogió entre sus brazos y me besó en la frente.
Fué la primera vez que monté a caballo, y era la jaca blanca mas bonita que monté en mi vida, yo tenía 10 minutos de vida.
Eran las diez y media de la mañana del día treita y uno de marzo de mil novecientos cuarenta y tres, y estó ocurrió en Bujalance un pueblo de la provincia de Córdoba, en España.
Besitos a todos los que me habeis felicitado, y a los otros también.
Rafa -
Arribada
@ 29/03/2008 – 09:55:59
Bayona 2 de Marzo de 2008
Te debía este vídeo que la pereza me hizo retrasar su composición casi un mes. Aquí está, no es muy completo, ya ves, que la fiesta duró todo un fin de semana pero mis huesos solamente me dejaron estar en ella un par de horas de la mañana del domingo.
-
Azahara
@ 27/03/2008 – 19:55:10
Cerca de Córdoba, al pié de la sierra, existen las ruinas de lo que fue la maravilla del califato cordobés, Medina Azahara, la ciudad de Azahara. Dicen que la mandó contruir Aderramán III. Dicen que el nombre es el de su favorita, una princesa navarra con nombre de flor, la flor del naranjo. Dicen que ésta lloraba día tras día recordando montañas nevadas de su tierra. Dicen que el gran califa se desesperaba por el llanto de su amada. Dicen que mandó plantar toda la sierra cordobesa de almendros, para que en primavera Medina Azahara estuviera rodeada de montañas blancas. Dicen que Azahara nunca mas lloró.
Cuando te vea, amor mio, plantaré almendros para ti. -
Soidade
@ 29/02/2008 – 11:28:23
Ninguén pode roubar aquilo que é teu.
Niguén fuxe de ti.
Nada pode borrar un amor inmenso.
Non ficas sosiña, o vento leva día e noite o meo amor ao teu lado.
Eu fico contigo, amor, por sempre. -
Yo no sé muchas cosas
@ 31/12/2007 – 13:52:35
Hace unos días, charlando con alguien, me vino a la cabeza este poema de León Felipe, que oía yo hace años cantado por el grupo Aguaviva. Y es que uno, que no cree en nada, y mucho menos durante estas fiestas, ohhhhhhhhhhhh, lo siento, solo sabe, sino todos, al menos muchiiiiiisimos cuentos.
Lo tomo prestado de http://lacomunidad.elpais.com/volvoreta-tcb/2007/11/21/yo-se-muchas-cosas
______________________________________________________________
León Felipe
Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto:
que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos,
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,
que los huesos del hombre los entierran con cuentos,
y que el miedo del hombre...
ha inventado todos los cuentos.
Yo no sé muchas cosas, es verdad,
pero me han dormido con todos los cuentos...
y sé todos los cuentos.Llamadme publicano (1950)
-
En Madrid con mi sobrina Sharito
@ 13/11/2007 – 11:20:20
La mañana estaba fría y las calles de la gran ciudad todavía semi-desiertas a esas horas. Caminé hacia el hotel, situado enfrente del Palacio de las Cortes.
Era muy temprano, había madrugado demasiado y el tráfico esperado en la autovía no había sido tan intenso como lo esperado. Llegué pronto a la cita. En recepción me preguntaron que si avisaban de mi llegada a la suite, contesté que no, que prefería esperar en el hall.
La gran mesa de cristal estaba rodeada de unas sillas de diseño fantástico con grandes respaldos que armonizaban con todo el entorno.
Tomé El País del mostrador de la cafetería, me senté una de las sillas y me dispuse a esperar. Apenas veía los titulares del diario, los nervios me hicieron recordar mi examen de Preuniversitario, quizás el momento de mi vida en el que más nervioso me puse. Me reí de mi mismo y seguí leyendo.
Estaba por las páginas centrales, cuando el ascensor de cristal situado delante de mí se abrió. Ambos me miraron y se sonrieron.
- ¡Tío!
- ¡Sharito!
¡Qué linda era! No desmerecí a en nada a la belleza que nos tiene acostumbrados en sus fotos. Llevaba, eso sí, el pelo recogido pero era tal y cómo me la había imaginado. Ella la poetisa del amor estaba a mi lado. Yo no podía disimular mi nerviosismo y se lo dije.
- ¿Por qué tío?
- No lo sé, pero supongo que de la emoción, jajaja.
Nos sentamos a desayunar y a hablar, hablar, hablar. ¡Cuantas cosas teníamos que decirnos! ¡Cuantas cosas nos dijimos!
Su marido nos contemplaba y oía, siempre con la sonrisa en los labios, con una mirada de cariño y amabilidad sumas.
Hablamos de amores, de desamores, de la gente del blog, de sus hijos, de los míos, de posibilidades de la vida, de imposibilidades, de viajes, de Venecia, de Florencia, de Romeo y Julieta, de imágenes fantásticas en fotografías…
- ¿Conocéis Galicia?
- Yo si, dijo su marido.
- Yo no, dijo ella
- Tenéis que volver, yo seré vuestro cicerone, os llevaré por las Rías, a Santiago…, agregué yo.
Pero más que la conversación, rápida, intensa, plena, yo disfruté de su compañía de verla, de verlos, porque su marido es realmente encantador.
Claro, le di tu recuerdos, ella me transmitió los tuyos, y los tuyos, y los tuyos también que no nos olvidamos de ninguno de vosotros, creo.
Rosa, no pudimos comer huesitos de santo, no los tenían en el buffet, pero probó la tortilla de patatas a la española, que no conocía.
Nos despedimos ante las puertas del ascensor. Y yo me quedé un rato en el hall viendo como la caja de cristal los subía hacia sus habitaciones.
Salí a un Madrid que se empezaba a templar. Tomé mi auto y recorrí La Castellana arriba y abajo en un paseo, recordando cada uno de los minutos que pasé con ellos.
Han pasado los días, esperé que ella pusiera su post, como le había prometido.
¡Te quiero mucho, sobrina! -
El café
@ 26/10/2007 – 21:50:49
Tiró el sombrero de paja italiana sobre la pequeña mesa de mármol rosado de la terraza del Derby. Le gustaba pasear por la calle del Príncipe, mirar las tiendas, observar a la gente y escapra por un rato del tráfico endiablado de la ciudad. Al final del paseo siempre se sentaba en una mesita del Derby a tomar su café.
Se sentó en el silloncito de mimbre blanco, se colocó el cuello de la americana y tiró para arriba del nudo de su corbata. Cuando el camarero llegó, pidió su Blue Mountains de siempre. Le encataba el buen café, pero en el Derby lo preparaban de una manera especial, le recordaba a los cafés da Brasileira lisboeta.
Abrió el periódico que llevaba bajo el brazo, pero apenas se fijó en los titulares, y se puso a pensar.
Recordó a los personajes imaginarios de sus cuentos, en los que ponía gran parte de sus verdad. Y en el mismo tono en que escribía pensó que había llegado a un cruce de caminos. Todos eran nuevos, jamás había transitado por ellos, el camino recién abandonado no le había dado ninguna alegría y si muchas preocupaciones y tristezas.
Se acordó de aquella carta perfumada que leyó por la mañana y aquella frase que le había hecho meditar tanto: No importa a donde conducen los caminos abandonados...
Pero debía tomar un nuevo camino. ¿Cuando lo tomaría? ¿Ahora?
Entonces levantó la mirada del periódico y la vio venir hacia él, con la sonrisa en los labios, como siempre. Se levantó, le ofreció un asiento, pidió otro café para ella y soñó. Soñó con su nuevo camino.


